Declaraciones de la Coordinadora de la IV Internacional
¡Que desagradable es ver a Bush y al primer ministro turco Erdogan sentarse cómodamente en la Oficina Oval de la Casa Blanca y complotar juntos contra los kurdos de Turquía! ¡El mismo Bush que, con los Quislings Barzani y Talabani, se presentó durante años como el protector de los kurdos oprimidos! ¡Una protección usada, de hecho, para promover los intereses de varios millones de kurdos iraquíes y darle una ayuda al estado turco en su trabajo de represión de sus propios diez millones de kurdos! ¡El mismo Erdogan que, hace un par de años, en una visita a Diyarbakir, la mayor ciudad del Kurdistan turco, evocó hipócritamente la “cuestión kurda” y juró no volver a repetir los “errores del pasado”, se está preparando ahora para una nueva incursión del ejercito turco en el norte de Irak, repitiendo las veinticuatro que ya hizo en la década del ‘90, con el objetivo de destruir al PKK, el movimiento de guerrilla kurdo!
El acuerdo entre ambas partes en la Casa Blanca parece haber pospuesto para más tarde la anticipada operación militar turca a gran escala en el norte de Irak, en el aire desde el 17 de octubre, cuando el parlamento turco aprobó la resolución que le da al gobierno poderes para lanzar operaciones en cualquier momento durante el lapso de un año, tantas veces como sea necesario, ¡verdaderamente una visa de entradas múltiples, excepto por el hecho que no está acordado por el país “visitado”! Sin embargo, esto cierra una vez más la estrecha alianza entre los Estados Unidos y Turquía contra los kurdos y prepara el terreno para la futura complicidad de los primeros en el trabajo sucio de los últimos en el Medio Oriente. Actualmente Turquía tienen tropas en Afganistán, donde ocupó puestos de comando dos veces en el pasado y está por retomar esta tarea una vez más en el futuro próximo, y en el Líbano. Probablemente Bush solicite la ayuda de Turquía en un asalto futuro de Estados Unidos a Irán y, posiblemente, un rol más visible en Irak.
Dada la alianza entre estos dos países, la actitud hipócrita del ‘establishment’ turco y de la llamada izquierda nacionalista en las últimas semanas, que atacaron a Estados Unidos como el supuesto poder detrás del PKK, pierde toda su credibilidad y es desenmascarada como lo que es: un chantaje para forzar a los Estados Unidos a dar vía a los turcos libre para encargarse de los kurdos. Turquía es desde hace muchísimo tiempo el opresor de sus kurdos y la clase obrera de todo el mundo está obligada a levantarse contra las incursiones turcas sobre Irak. Turquía también amenaza cualquier tipo de autonomía kurda en Irak por miedo a que sea contagiosa para sus propios kurdos. Parte del ‘establishment’ tiene sueños irredentos de reconquistar Kirkuk, una zona anteriormente otomana, con los ojos puestos en sus amplias reservas de petróleo. Incluso un ataque de Turquía al Kurdistán iraquí respaldado por Estados Unidos a Turquía, sería una guerra reaccionaria, ya que los dos lados son imperialistas y una guerra de este tipo simplemente llevaría a una supresión de las aspiraciones kurdas por parte de una nación que ha oprimido a los kurdos por muchos años.
Los desarrollos recientes también revelaron la bancarrota total de la izquierda liberal en Turquía, incluyendo a los partidarios de Tony Clift, quienes apoyaron al semi-islámico AKP de Erdogan, como una fuerza democrática contra los militares y las fuerzas kemalistas. Tan pronto como se llevaron a cabo las elecciones para presidente y para el parlamento, ambas ganadas por el AKP, el gobierno se pasó a una política belicista. El gobierno del AKP es hoy en día un gabinete de guerra, y la vergüenza de haber coqueteado con este gobierno echa una larga sombra sobre la mayor parte de la izquierda turca. El DTP, es decir el Herri Batasuna del movimiento kurdo, por su parte, puso sus esperanzas en el AKP de forma casi estratégica. Durante las elecciones del 22 de julio, solamente se opuso a esta política de coquetear con el AKP la sección turca del CRCI, la “Iniciativa por un Partido Revolucionario de los Trabajadores”, y algunos otros sectores se opusieron al coqueteo con el AKP.
Hoy la llamada, izquierda nacionalista ha quedado como furgón de cola del ‘establishment’ mientras que la izquierda liberal sostiene una posición exclusivamente pacifista de cara a la amenaza de una guerra del otro lado de la frontera. Esta posición pacifista fue llevada hasta su extremo ilógico por el mayor vocero do la izquierda liberal, el único diputado de izquierda independiente en el parlamento: ni bien la amenaza de una incursión turca en Irak se hizo concreta, este diputado exigió que el PKK entregue las armas. ¡Exigirle que entregue las armas a una guerrilla que está en peligro inminente de un ataque total, probablemente pase a la historia como una de las más vergonzosas capitulaciones del pacifismo!
En la atmósfera de histeria chauvinista que ha inundado a las masas de Turquía, el movimiento fascista, probablemente en unión con agentes del estado, ha estado atacando los edificios partidarios del DTP y montado pequeños intentos de linchamiento. El peligro, siempre presente en los últimos dos años, de multitudes linchando kurdos en las ciudades del oeste de Turquía, ahora se ha vuelto concreto. La clase obrera debe solidarizarse completamente con los kurdos y pelear contra las multitudes dirigidas por los fascistas, físicamente incluso, si es necesario.
Todo el desarrollo muestra que mientras más tiempo permanezcan en Medio Oriente los Estados Unidos y sus aliados europeos, más van a ser divididos los pueblos de la región, y usados unos contra los otros en una pelea sangrienta. Hasta hoy eran los shiítas contra los sunitas en Irak. Hoy son los turcos contra los kurdos. Mañana serán probablemente los turcos y los kurdos contra Irán. Turquía, Siria e Irán están entrando en el juego del imperialismo con sus políticas rabiosamente anti-kurdas. Los líderes de los kurdos en distintitos países están jugando con fuego al aliarse con Estados Unidos o al menos esperando beneficiarse de sus contradicciones con los opresores locales de los kurdos. Lo que los pueblos de la región necesitan es una política internacionalista que una a los kurdos y a los turcos, shiítas y sunitas, y todos los países que son usados unos contra otros por Estados Unidos. Sólo una Federación del Medio Oriente puede dar un marco de solución para terminar con los sangrientos problemas de la región. Esta Federación sólo puede ser puesta en pie por la clase obrera y sus aliados, es decir, sólo puede ser socialista.
· Basta de incursiones militares turca sobre el norte de Irak. Paz con los kurdos, guerra a los Estados Unidos.
· Enfrentémonos, físicamente si es necesario, contra la escalada de los ataques dirigidos por los fascistas, contra los kurdos de Turquía
· Reconocimiento de todos los derechos de los kurdos de Turquía, incluyendo la autodeterminación, a través de una solución política a la cuestión kurda.
· Fuera las tropas turcas de Afganistán. Que Turquía abandone la OTAN.
· Fuera las manos de Irán.
· Fuera todas las tropas imperialistas de Irak y de Medio Oriente.
· Por una república democrática, laica y socialista que una a los judíos y a los árabes en todo el territorio histórico de Palestina.
· Por una Federación Socialista de Medio Oriente.
El volcán del Medio Oriente está en permanente erupción produciendo nuevas guerras imperialistas y rebeliones nacionales. América Latina, el patio trasero del imperialismo yanqui, es sacudida por tremendos levantamientos, desde Venezuela y Ecuador a Argentina, Perú, Chile y México. En Europa, movilizaciones juveniles de masas sin precedentes en Francia y en Grecia, así como la elección de Sarkozy, marcan una nueva fase de grandes confrontaciones sociales. Estallan crisis de régimen en Italia, Turquía, España, Gran Bretaña y, sobre todo, Estados Unidos. Crecen rápidamente tensiones entre Rusia y Estados Unidos que recuerdan la guerra fría. Crisis fiscales, burbujas financieras y enormes desequilibrios económicos funcionan como una bomba de tiempo en la economía capitalista mundial. Cientos de millones de seres humanos en todo el planeta, tanto en las metrópolis como en la periferia, enfrentan la pauperización masiva, el desempleo, la superexplotación y el deterioro de todas las condiciones de vida. La guerra de clases está en la agenda.
El capitalismo mundial está sacudido por convulsiones que, de manera constante, quebrantan todas las relaciones entre clases y entre Estados, rompiendo todos los equilibrios sociales, políticos y económicos y produciendo re-estabilizaciones precarias y temporarias.
Los sucesos mundiales se caracterizan en el actual período sobre todo por zigzags agudos y espasmódicos.
El atolladero del imperialismo norteamericano en Irak y la recomendación del informe de la comisión bipartidaria Baker-Hamilton, a favor de un retiro en etapas del pantano iraquí, fueron respondidos por la belicosa "oleada" ("surge"), el envío de 30.000 soldados suplementarios a Bagdad -y el obvio fracaso de esta escalada para alcanzar sus objetivos.
La derrota del ejército sionista de Israel en Líbano en 2006 fue seguida por la más profunda crisis y desintegración político-moral del régimen sionista y, entonces, por nuevos intentos de destruir la causa nacional palestina por medio de brutales ataques a la dispersa población civil palestina, la aceleración de la construcción del muro del apartheid y la movilización de las fuerzas de Fatah bajo el mando de Abbas para destruir a Hamas y a la resistencia popular en Gaza, un intento que ha fracasado.
En Europa, los febriles zigzags de la situación se manifiestan sobre todo en su corazón político: en Francia. La mayor movilización juvenil después de Mayo del ‘68, la masiva movilización de febrero/marzo del 2006 contra el CPE (Contrato Primer Empleo) que obligó al gobierno derechista a retirarlo fue seguida por la victoria electoral del populista de derecha Sarkozy que prometió "terminar con el legado de Mayo del ‘68".
Esta inestabilidad general y los repentinos giros a la izquierda y a la derecha son las manifestaciones de un sistema social, el capitalismo mundial, en su declinación histórica y crisis. Sus bases materiales están minadas por la acumulación y exacerbación de todas las contradicciones del sistema del capital.
La globalización del capital financiero asociada con el proceso de la restauración en China y Rusia no abrió una salida de largo plazo a la crisis sistémica sino que creó un océano de deudas que cubren a todo el planeta, y que funcionan como verdaderas bombas de tiempo. Algunas de las innumerables burbujas del último período, una década después de la crisis asiática de 1997, por ejemplo, la mayor burbuja inmobiliaria en la historia de los Estados Unidos, ya están en proceso de estallido. En su informe anual, el Banco Internacional de Compensaciones (BIS, por su nombre en inglés), el banco de los banqueros centrales, hace sonar la alarma acerca de que "las condiciones que condujeron a la Gran Depresión de los años '30 y a las crisis asiáticas de los '90 se están reflejando en el ambiente actual" (Daily Telegraph, Londres, 26 de junio de 2007). La sobreacumulación, como lo muestra el monstruoso desarrollo del capital ficticio, se está volviendo de una bendición para los especuladores y la oligarquía financiera de parásitos burgueses en su peor pesadilla.
El eje que conecta a la China en rápido crecimiento, como el más importante centro de acumulación del capital mundial, con la sobre-endeudada economía norteamericana, que carga con el peso de grandes déficits, que funcionó en los años posteriores al shock financiero del año 2000 como la fuerza impulsora de la recuperación, ahora comienza a ser sacudido por los temblores como la caída del 27 de febrero en la Bolsa china y nuevamente más tarde el 30 de mayo de 2007.
Como la CRCI ha enfatizado con anterioridad, la infame "guerra contra el terrorismo" lanzada por el gobierno de Bush con el pretexto de los ataques del 11 de septiembre, primero contra Afganistán, luego contra Irak, y ahora con la amenaza de extenderla a más países, fue impulsada por la urgente necesidad de encontrar una salida a la crisis mundial del sistema en el caótico mundo de la posguerra fría. El imperialismo norteamericano, sobre todo, necesita rediseñar el mapa político de las zonas productoras de petróleo de Medio Oriente y Asia Central para establecer, bajo nuevos términos, su supremacía mundial contra sus rivales actuales o potenciales.
Seis años después, la campaña bélica mundial del imperialismo ha fracasado miserablemente; el tiro le salió por la culata, provocando crisis de régimen tanto en los países beligerantes como en los no beligerantes.
A pesar de los enormes sufrimientos ocasionados a la población civil por las tropas de ocupación norteamericanas, sus ‘aliados voluntarios' y sus ejércitos privados de mercenarios, el imperialismo no puede controlar efectivamente ningún área fuera (e incluso dentro) de la ‘Zona Verde' en Bagdad y en Kabul.
En Afganistán, las bárbaras acciones de las tropas de Estados Unidos y la OTAN no sólo fracasaron en detener el nuevo levantamiento de las guerrillas en el sur sino que también han desestabilizado completamente al régimen de Musharraf en Pakistán y toda la situación en el subcontinente indio.
En Irak, con la "oleada" de otros 30.000 soldados ordenada por Bush, su desesperado esfuerzo por cambiar la caótica situación en favor de los Estados Unidos no tuvo ningún resultado. Estados Unidos tiene menos control que nunca. El gobierno títere de al-Maliki existe nominalmente sólo dentro de las oficinas protegidas por Estados Unidos en Bagdad. Los insurgentes sunitas y las milicias shiítas son los actores reales en la mayor parte del país -excepto en el norte kurdo. Estados Unidos, a pesar de su gigantesca ofensiva militar, tiene que apoyarse principalmente en el respaldo de los ‘peshmergas' kurdos de Talabani y Barzani (además de los 160.000 soldados norteamericanos y los 180.000 soldados privados pagados por Estados Unidos) para sobrellevar el caos.
Esto tiene enormes efectos colaterales: ha provocado tensiones entre Ankara y Washington en la medida en que la oficialidad del ejército turco declara que se prepara para invadir el norte de Irak para atacar las bases de la guerrilla kurda del PKK. Estos preparativos bélicos precipitaron una crisis de régimen, la cual fue incubándose por un largo período, y llevaron a elecciones anticipadas, en la medida en que el ejército chocó con el gobierno islámico moderado de Erdogan.
El otro pilar en el cual se apoya la presencia imperialista norteamericana en Irak son las direcciones religiosas shiítas bajo la influencia de Teherán, usadas como un amortiguador y un arma contra la mayoritariamente secular insurgencia sunita encabezada por el Baat'h. Mientras las milicias shiítas están lejos de ser obedientes a las autoridades de ocupación y muchas veces chocaron militarmente con ellas, en este momento en que esa influencia de Teherán sobre los shiítas de Irak es más que necesaria para Washington, los neoconservadores del gobierno de Bush y del Pentágono impulsan una ofensiva militar contra Irán. El vicepresidente Cheney, el ex embajador de Bush en la ONU John Bolton, un amplio número de religiosos de derecha y el lobby sionista en los Estados Unidos, así como los halcones sionistas en Tel Aviv, están reclamando una guerra contra Irán, con el pretexto de su programa nuclear. Los mismos guerreristas ultrareaccionarios reclaman nuevas guerras contra Hezbollah en Líbano como así también contra Siria.
La impasse está acumulando condiciones para nuevas amenazas y explosiones bélicas contra todos los pueblos de la región e internacionalmente. Pero al mismo tiempo, el estancamiento de la guerra profundiza la crisis del propio régimen político norteamericano. Enciende los sentimientos antibélicos de las masas populares, como se demostró claramente en las movilizaciones de masas y en la derrota de los republicanos en las elecciones parlamentarias de noviembre del 2006. Profundiza las fracturas dentro de la clase dominante norteamericana y dentro del Estado, agudizando y extendiendo los conflictos entre el Ejecutivo, el Congreso y el Poder Judicial. La escalada de la crisis del régimen se manifiesta en el escándalo de la CIA (CIA-gate), en la escandalosa protección de las actividades criminales de Libby por el propio presidente, después de su condena en la corte, el reemplazo forzado de un número de "estrellas" neoconservadoras (Perle, Rumsfeld, Wolfowitz), el choque entre el Poder Judicial y el procurador (fiscal) general Gonzalez.
Es la peor crisis de régimen en los Estados Unidos desde la crisis de Vietnam y el Watergate. Las elecciones del 2008 y el posible retorno de los demócratas al poder no pueden resolverla en la medida en que el programa internacional del partido demócrata apoya la continuación de la ocupación de Irak, aunque en una forma disfrazada (bases militares) y mantiene el más firme apoyo al sionismo; no hay una diferencia esencial entre los dos partidos imperialistas. Las repercusiones internacionales en Medio Oriente, América Latina, Europa, Rusia y China son inmensas. Estados Unidos se ha convertido en el centro no sólo de la crisis económica mundial del capitalismo sino también de su crisis política.
La conmoción mundial encuentra hoy la forma más explosiva en el volcán del Medio Oriente. La cuestión central en la crisis del Medio Oriente es la cuestión palestina, la expulsión del pueblo palestino de sus tierras por el sionismo, la ocupación y represión, la expropiación de los derechos nacionales palestinos, incluido el derecho al retorno a sus hogares para todos los refugiados.
Los dramáticos sucesos recientes en Gaza, que marcan un decisivo giro en la situación en Palestina, en la región e internacionalmente, deben ser vistos en una perspectiva histórica para diseñar una línea estratégica para un programa alternativo para la emancipación.
El pueblo palestino ha atravesado una serie de recurrentes Nakbas -catástrofes. Primero en 1948, con el establecimiento del Estado sionista de Israel. Luego en 1967, cuando con la Guerra de los Seis Días, se completó la ocupación de la tierra palestina. El infame "proceso de paz" de Oslo impuso un falso mini-Estado de bantustans palestinos desconectados con un falso ‘consenso' de los oprimidos forzados a él por sus opresores con la complicidad y la traición de sus líderes nacionalistas en la ‘Autoridad Palestina'. El proceso fracasó y produjo la explosión de la Intifada Al Aqsa en 2000.
Las contradicciones políticas y los límites nacionalistas burgueses del movimiento nacional palestino, la corrupción de la dirección nacionalista laica de la AP, el siniestro rol de Dahlan y sus fuerzas de ‘seguridad' palestinas, cooptadas por Israel y la CIA, empujaron a las masas palestinas a buscar el tipo de alternativa planteado por el Islam político y Hamas, que triunfó en las elecciones de enero de 2006. Los recientes hechos en Gaza son el resultado directo del embargo económico genocida y del bloqueo de los territorios impuestos por Estados Unidos, la Unión Europea e Israel -que condenan a la población palestina al hambre, la miseria, la falta de servicios médicos y de otros servicios sociales, y la muerte- como un medio para derrocar el gobierno de Hamas. Gaza, particularmente, fue transformada en la prisión a cielo abierto de una población desesperada, sin trabajo, hambrienta y desposeída.
En la Segunda Guerra del Líbano en 2006, iniciada como consecuencia de la campaña norteamericana-sionista para derrocar al gobierno electo de Hamas, en la medida en que el Hezbollah libanés fue la única fuerza árabe que intervino activamente en defensa de Gaza bajo ataque, los generales sionistas activaron sus ya preparados planes para destruir a Hezbollah, como un ensayo general de una ofensiva más amplia contra Irán y Siria.
En la medida en que la guerra del Líbano llevó a una humillante derrota político-militar del sionismo, precipitó su desintegradora crisis interna. La iniciativa saudita para la formación de un gobierno de unidad palestina Hamas-Fatah colapsó, principalmente debido a la intransigencia israelí. Los gobiernos de Bush y Olmert se movieron para terminar con Hamas por medios militares, usando como ‘contras' a las tropas de Mohamed Dahlan, armadas y financiadas por los regímenes norteamericano, sionista y egipcio. Mientras Dahlan estaba en Egipto para completar la preparación para implementar el golpe planeado por los imperialistas y sionistas, Hamas realizó, en defensa propia, un contraataque preventivo. Las fuerzas de Fatah fueron derrotadas y expulsadas de Gaza con una fuerza brutal por los milicianos de Hamas.
Es una mentira propagada por el imperialismo, el sionismo y los medios árabes reaccionarios que hubo un golpe de Hamas; lo cierto es que el golpe fue diseñado por Estados Unidos. Israel, Egipto, Jordania y Abbas fueron derrotados y el imperialismo recibió un golpe.
Las brutalidades y la violenta separación de Gaza respecto de la Cisjordania controlada por Abbas son el subproducto de la política criminal de Estados Unidos, el sionismo y los imperialistas de la Unión Europea, auxiliados por sus títeres locales. Los cínicos términos de ‘Hamastan' y ‘Fatahland' intentan encubrir la estrategia imperialista de transformar la autodeterminación palestina en una auto-destrucción nacional de enclaves pulverizados.
Esta estrategia ahora intenta sacar ventaja de la división Hamas/Fatah para alcanzar sus objetivos. Los gobiernos de Bush y Olmert y la Unión Europea inmediatamente dieron su total apoyo político, financiero y militar a Abbas y su falso ‘gobierno de emergencia', mientras Gaza bajo sitio es amenazada con la muerte, por el hambre o por una nueva agresión militar. La defensa de Gaza bajo sitio ante la agresión sionista es la primera prioridad de todas las fuerzas obreras y antiimperialistas internacionalmente.
La estrategia imperialista implementada es la continuación de la original ‘hoja de ruta hacia la paz' de Bush y del ‘plan de cantonización' de Sharon. Fue presentada por el primer ministro israelí Olmert en el Congreso de los Estados Unidos en mayo de 2006, poco antes de la invasión al Líbano. Su objetivo es el establecimiento de un "Estado palestino ‘trunco' conformado por cuatro cantones desconectados, tres en Cisjordania y el restante en Gaza. Mediante la anexión de sus mayores bloques de colonias definidos por el muro, con lo cual Israel se expande hasta el 85% del país, dejando a los palestinos confinados en empobrecidos enclaves en el restante 15% de la tierra. En semejante ‘solución de dos Estados', Israel controlaría las fronteras externas e internas, el movimiento de los palestinos, el área del Gran Jerusalén, todas las fuentes de agua, el espacio aéreo, la esfera de las comunicaciones e incluso la política exterior del Estado palestino" (Jeff Halper, "Keeping a Steady Course in Apartheid", Media Monitor Network, 25 de junio de 2007).
Con la separación de estos pretendidos ‘cantones' entre el área controlada por Hamas y la Cisjordania bajo el control de Abbas/Fatah, incluso esta ‘solución de dos estados' está implosionando. Hay un ‘plan B' elaborado por las cancilleres de Estados Unidos e Israel, Condoleezza Rice y Tzipi Livni, planteado ahora, que llama a "una declaración unilateral por parte de Estados Unidos de un Estado palestino ‘provisional' sin fronteras establecidas, sin soberanía significativa y sin economía viable, comprimido entre el muro, la frontera oriental ‘demográfica' de Israel, que incorpora los bloques de colonias, y el valle del Jordán, la frontera oriental ‘de seguridad' de Israel" (Idem anterior).
La ficción de una ‘solución de dos Estados', muy promocionada por los pacifistas, stalinistas, activistas de las ONGs y centristas de todo tipo, está ahora en ruinas. Cierta gente, aplicando de una manera mecánica la experiencia de Sudáfrica, está volviendo a una versión burguesa de la ‘solución de un Estado', que no es más que una ‘democratización' del existente Estado de Israel para convertirlo en una "república democrática de todos sus ciudadanos". El sionismo no puede ser ‘des-sionizado'; debe ser derrotado. Cuanto más empeora su crisis, más antidemocrático y militarista se vuelve, amenazando no sólo a Siria e Irán sino a toda la región con nuevas ‘guerras preventivas' y el impulso hacia la ‘solución final de la cuestión palestina' mediante el escalamiento de la represión y los planes para una ‘transferencia' forzada.
Hamas no puede dar una solución alternativa. El nacionalismo religioso es una expresión tanto de la desesperación como de la desintegración del nacionalismo burgués laico. Mientras nos oponemos resueltamente a la campaña imperialista-sionista para destruir a Hamas, rechazamos la suposición de que una rama palestina de la derechista Hermandad Musulmana, inicialmente ayudada por la monarquía saudita e incluso por el Mossad contra el nacionalismo secular y la OLP, abra la vía a la emancipación nacional y social. La posición adoptada por la el SWP británico/IS Tendency es una vulgar manifestación de la capitulación oportunista de esta tendencia a la burguesía musulmana y a sus aliados electorales de la Asociación Musulmana de Gran Bretaña dominada por la Hermandad Musulmana.
Todas las falsas ‘soluciones' burguesas en Palestina representan un callejón sin salida letal para la causa palestina. La orientación estratégica y el programa de la CRCI abren la única salida. El momento de la implosión de la falacia de la ‘solución de dos Estados' es potencialmente un momento de transición de la desintegración a un nuevo ascenso revolucionario.
No debe permitirse a los escuadrones de la muerte aterrorizar y dividir a la población palestina; el pueblo palestino tiene que levantarse, ponerle un final a las divisiones sectarias y a la fragmentación, armarse bajo la supervisión de comités populares como los que funcionaron durante la Intifada de 1987. ¡Demolición del Muro y de todas las ‘regulaciones' del apartheid! ¡Inmediato retiro del ejército sionista de los territorios y desmantelamiento de las colonias! Por una lucha común del movimiento nacional palestino y los trabajadores y pobres judíos contra el enemigo común que oprime y despoja a los palestinos y condena a los judíos israelíes al empobrecimiento y a permanentes aventuras militares. Por el derecho a la autodeterminación nacional del pueblo palestino, por el derecho al retorno de todos los refugiados a sus hogares.
El sionismo se ha revelado como un bastión del imperialismo en la región, un campo de exterminio de los palestinos y una trampa mortal para los judíos, una poderosa y ponzoñosa fuerza impulsora del racismo. ¡La máquina del Estado sionista de limpieza étnica y guerra debe ser aplastada y debe establecerse una república socialista, democrática y laica en todo el territorio histórico de Palestina como un paso crucial hacia el establecimiento de una Federación Socialista de todos los pueblos libremente asociados del Medio Oriente!
La guerra en el Medio Oriente y Asia Central siempre estuvo conectada con las consideraciones estratégicas imperialistas acerca del control de los gigantescos recursos de petróleo y gas, oleoductos y redes de distribución, y junto con esto, acerca del control del vasto espacio soviético, Rusia y China en proceso de restauración capitalista. Por lo tanto, los reveses que el imperialismo ha sufrido en Irak, Afganistán y Líbano, la emergencia de Irán como un inevitable factor de poder en las guerras en Irak, Afganistán y Líbano y la restauración del aparato del Estado bajo Putin, dieron como resultado el surgimiento de nuevas rivalidades y tensiones entre Rusia y Estados Unidos que llevaron a lo que algunos comentaristas calificaron como una "nueva Guerra Fría".
Esta caracterización superficial ignora la naturaleza histórica de la Guerra Fría, el antagonismo sistémico entre el imperialismo y la Unión Soviética en la particular relación de fuerzas internacionales luego del fin de la Segunda Guerra Mundial, así como también la profundidad de la desintegración del stalinismo. El bonapartismo de Putin no representa un retorno a los tiempos soviéticos ni un renacimiento de la Unión Soviética; no es un regreso a una distorsionada forma de transición al socialismo sino otra vía al capitalismo y a la integración al mercado mundial, que sigue a la impasse y al colapso de la primera etapa de la restauración del capitalismo bajo la ‘terapia de shock' de Yeltsin en la cesación de pagos de Rusia en 1998. El régimen de Putin fue obligado a renacionalizar parcialmente el sector estratégico de la economía, en particular del sector energético, y a revitalizar algunas industrias; se benefició enormemente del astronómico aumento de los precios del petróleo en el período 2000/2006 para crear un Fondo de Estabilización para cancelar la deuda externa nacional, pagar los atrasos en las pensiones y acumular provisiones para futuros shocks financieros. El enorme crecimiento del Estado bajo la supervisión de la antigua KGB, ahora FSB, es el producto de presiones externas del capital financiero y las presiones internas de la desintegración de la vida económica y social. Pero la semi-estatización de sectores estratégicos de la economía, combinada con golpes a algunos oligarcas, no significa un retorno al período soviético anterior a 1991, incluso si las antiguas formas de gobierno de los stalinistas, incluyendo los todopoderosos servicios secretos, son usados para otros propósitos: estabilizar la economía y hacerla funcionar bajo parámetros capitalistas. Ninguna parte significativa del Fondo de Estabilización fue usado para renovar la infraestructura o los servicios sociales para el pueblo; la principal preocupación fue pagarles a los banqueros internacionales y cooperar con las demandas del ambiente financiero capitalista mundial. Combinar una economía de extracción de petróleo y materias primas con un fuerte lazo con el capital financiero internacional no es la vía hacia el socialismo, ni siquiera hacia la soberanía nacional que pretende Putin. Las desigualdades entre las regiones han crecido y sólo una elite, particularmente en la región central de la Federación alrededor de Moscú, se ha beneficiado con la recuperación económica. El régimen autoritario de Putin sigue siendo el enemigo del pueblo a ser enfrentado y derrotado por las masas. Pero esta lucha no tiene nada en común con los objetivos y conspiraciones de los oligarcas o de los liberales pro-capitalistas agrupados alrededor de Kasparov, Yavlinsky y otros. La línea divisoria no es entre los campos pro-Putin y anti-Putin sino una línea de clase a favor o en contra de la restauración. La salvación de los trabajadores y las masas populares de la devastación de la restauración capitalista y de la transformación del país en una semicolonia, proveedora de materias primas para Occidente y sirviente del capital financiero, está en el camino de la organización y movilización de la clase obrera, la juventud y todos los oprimidos para derrotar a las fuerzas restauracionistas por medios revolucionarios sobre la base de un genuino programa socialista y una perspectiva internacionalista. El futuro de Rusia y todos los países del antiguo bloque soviético (incluyendo a China) será resuelto en la lucha en la arena internacional.
Es verdad que el imperialismo, particularmente el norteamericano, está preocupado por el curso de Rusia, reforzada bajo Putin y con un papel reafirmado en la política mundial, en el Medio Oriente, en Europa, los Balcanes; sobre todo está preocupado por las incertidumbres de la reabsorción de Rusia en el mercado capitalista mundial. El imperialismo no es el enemigo de Putin sino del pueblo ruso. Este es el verdadero objetivo del nuevo sistema de misiles balísticos que el imperialismo norteamericano quiere instalar en Europa, en la República Checa y en Polonia. El objetivo no es prevenir un... ataque misilístico iraní sobre Londres, Nueva York o Washington sino la recolonización del antiguo espacio soviético y la hegemonía mundial. Los trabajadores y los movimientos contra la guerra en Europa e internacionalmente tienen que luchar contra la instalación del nuevo sistema de misiles balísticos, por el desmantelamiento de la Otan y todas sus bases militares e instalaciones que amenazan otra vez a la humanidad con el espectro de un holocausto nuclear.
Europa y su viejo, declinante capitalismo, se ha convertido en un foco de todas las presiones de la crisis capitalista mundial, de la competencia norteamericana, el teatro de un renovado conflicto entre Estados Unidos y la Rusia restauracionista, el receptor directo del impacto de las explosiones en el Medio Oriente -y la arena de una nueva etapa de masivas confrontaciones de clase. El rechazo del Tratado de la Unión Europea en los referéndums en Francia y Holanda en 2005 y los movimientos de masas de la juventud en Francia y Grecia en 2006/2007 son el relámpago antes de la tormenta.
La crisis de toda la UE está claramente expuesta en Francia. La burguesía apoyó al populista de derecha Sarkozy para llevar a la victoria electoral a la derecha, incorporando la base electoral del ultraderechista Le Pen, con un programa de guerra social contra la clase obrera y la juventud francesas así como un llamado de reagrupamiento para una guerra de clases en Europa para terminar con todas las resistencias a las políticas neoliberales que se han manifestado hasta ahora.
La fuerza impulsora detrás del ascenso de Sarkozy al poder y de su programa anti-obrero, anti-juvenil, anti-inmigrantes, anti-"Mayo del ‘68", es la declinación y crisis del capitalismo europeo y, particularmente, del capitalismo francés, que enfrenta un rápido deterioro en cada sector y una enorme deuda pública que eclipsa la de Italia.
Sarkozy pretende que es un nuevo Thatcher que marca un punto de viraje decisivo hacia una ofensiva capitalista contra los derechos de los trabajadores en Francia y en Europa. Quiere alcanzar su objetivo precipitando una serie de contra-reformas antipopulares en los primeros seis meses para derrotar las resistencias sociales de las masas. Quiere alcanzar muchos objetivos con una sola bala en su pistola. Si fracasa, el resultado puede ser desastroso para la burguesía en Francia y en Europa. La pedantería de su posición arrogante ha provocado reacciones incluso durante la batalla electoral. Cuando se anunció, entre las dos vueltas de las elecciones parlamentarias, que se implementaría un aumento del impuesto al valor agregado (VAT) del 19% al 25%, el gobernante partido derechista de Sarkozy perdió "alrededor de 60 bancas en el parlamento", de acuerdo al antiguo primer ministro derechista francés Raffarin, impidiendo una victoria electoral arrasadora. En cualquier caso, el ascenso del populista de derecha Sarkozy al poder marca una nueva fase de la escalada de confrontaciones de clase no sólo en Francia sino también en todo el continente europeo.
Para ser un nuevo Thatcher, Sarkozy tiene que chocar con la clase obrera y la juventud y derrotarlas, y superar la nueva crisis económica y fiscal que se está incubando en los principales centros de la economía mundial. Sarkozy llega luego del agotamiento del período de ofensivas iniciado por Thatcher y Reagan, que se manifestó mediante una serie de shocks financieros, fracasos de la política neoliberal para dar soluciones a la crisis sistémica, y la generalizada inestabilidad de la economía capitalista mundial actual (por las crisis políticas, las rebeliones de masas y las guerras).
La fortaleza de Sarkozy está llenando el vacío dejado por la desintegración del centroizquierdista Partido Socialista e incluso de la izquierda. Mientras que en la victoria del "No" en el referéndum sobre la UE, en la rebelión de los ghetos que rodean París y otros centros metropolitanos, en el movimiento contra el CPE, se expresó una radicalización social y un giro a la izquierda de las masas, todo el sistema político del país giró a la derecha: la UMP de Sarkozy incorporó el programa racista de la extrema derecha y el electorado de Le Pen; el Partido Socialista de Ségolène Royal llamó a la paz social, promovió un programa liberal que no se distinguía del de la derecha y se acercó a una fracción de la derecha alrededor de Bayrou que pretendía ser el ‘centro'; la mayoría de la izquierda terminó a la cola del Partido Socialista y Royal y llamó (incluso la LCR de Besancenot y Lutte Ouvrière de Laguillier) a votar por ella en la segunda vuelta.
El colapso electoral de la mayoría de la izquierda, del Partido Comunista a Lutte Ouvrière (LO), no fue la consecuencia, como se pretende, solamente de su fragmentación, de la ausencia de un candidato presidencial unitario, etc., y de su adaptación al Partido Socialista como un ‘mal menor' y como una ‘línea de resistencia' a la ofensiva de Sarkozy. LO, particularmente después de su triunfo electoral en 1995 e incluso en 2002 con más de un millón y medio de votos, manifestó un creciente conservatismo político, rechazando su propio proyecto por un nuevo partido de los trabajadores como "prematuro", expulsando a todos los que apoyaban este proyecto, rechazando cualquier lucha por la IV Internacional, permaneciendo en una miope rutina sindicalista cotidiana adaptada al ambiente nacional, a la cola, la mayor parte del tiempo, del Partido Comunista de Francia, y, más tarde, de la candidatura de Ségolène Royal en la segunda vuelta.
El relativo éxito de la candidatura independiente de Olivier Besancenot de la LCR, superando en votos al Partido Comunista y a LO, fue alcanzado porque rechazó la abierta capitulación de una fuerte tendencia en la LCR a apoyar la perspectiva de una futuro gobierno centroizquierdista de una nueva "izquierda plural" del PS, apoyado por el PC y la mayoría del movimiento anti-globalización. Una fuerte minoría de la sección francesa del Secretariado Unificado (41% en el último congreso de la LCR en junio de 2006, cuando una mayoría del 59% votó por la candidatura independiente de Besancenot) luchó abiertamente contra la candidatura independiente de su propia organización; algunos de ellos (como los partidarios de la IS Tendency y otros movimientistas dentro de la Liga) abogaron fanáticamente por la candidatura de José Bové, el sindicalista agrícola, héroe anti-globalización para los movimientistas, que defiende la "soberanía alimentaria de Francia" y llamó desde el principio a votar por Royal en la segunda vuelta.
A pesar de su éxito, el propio Besancenot hizo el mismo llamado en la tarde de la primera vuelta, mientras que su campaña electoral nunca superó programáticamente el cuadro de un reformismo democratizante, militante.
La llamada "izquierda radical" en Francia, como previamente en Italia o en Brasil, se ha convertido o tiende a convertirse en una fuerza de sostén de gobiernos de centroizquierda de colaboración de clases. En Italia, Bertinotti, previamente saludado como el líder no sólo de Refundación Comunista sino también del "no global", del "movimiento de movimientos", se ha unido junto con su partido y la mayoría de sus fracciones internas, incluidos los partidarios del Secretariado Unificado, al gobierno centroizquierdista de Prodi y le dio repetitivamente un voto de confianza, incluso cuando este gobierno renovó la presencia de o envió tropas imperialistas a Afganistán y Líbano. La "Sinistra Critica", que incorporó a la sección italiana del Secretariado Unificado en Refundación Comunista, después de votar muchas veces la "confianza" en su gobierno imperialista, sólo tardíamente tomó sus distancias, mientras todavía rechaza orientarse hacia la construcción de un nuevo partido de trabajadores independiente. Nuestros compañeros de la sección italiana de la CRCI, por el contrario, se convirtieron en el blanco de una ruin caza de brujas después de la valiente posición antiimperialista de su líder, Marco Ferrando, sobre Irak y Palestina, rompiendo con Refundación Comunista cuando entró al gobierno burgués y lanzando el movimiento para construir un partido comunista de los trabajadores independiente, el Partito Comunista dei Lavoratori (PCL).
La CRCI advirtió el año pasado: "Hay una corriente derechista de los partidos de la llamada ‘Izquierda anticapitalista europea' fusionándose con el ‘partido de la izquierda europea' que reúne a los social reformistas y a los partidos stalinistas reciclados en la Unión Europea. Estos llamados ‘partidos anticapitalistas de masas' tuvieron desde el inicio la orientación política de unir en una común organización ‘intermedia' fuerzas de origen político reformista con aquellas que provienen de una tradición revolucionaria. Ahora, en las nuevas condiciones de la polarización de clases en Europa, no hay mucho lugar para un espacio ‘intermedio' y esta orientación lleva al abandono de una posición relativamente autónoma, al acomodamiento con el reformismo y la integración al sistema político burgués, incluyendo en algunos casos como en Italia, la integración a gobiernos burgueses." (Declaración del Consejo Ejecutivo de la CRCI, 29 de agosto/3 de septiembre de 2006).
La CRCI llama a todas las organizaciones clasistas y a los luchadores de la izquierda que se oponen a la capitulación al imperialismo, al centroizquierda y a la colaboración de clases, a discutir los desafíos políticos planteados por los cambios en la situación internacional y trabajar conjuntamente con la CRCI por una Conferencia Europea para elaborar nuestras tareas revolucionarias de hoy.
Mientras la atención mundial se encuentra concentrada en las crisis y catástrofes que conmueven al Medio Oriente y al Asia Central, en el patio trasero del imperialismo yanqui se desenvuelven acontecimientos de alcance revolucionario, que suscitan un interés enorme entre los luchadores obreros y populares de todo el mundo. América Latina atraviesa, de conjunto, un período pre-revolucionario, cuyo progreso produciría una aceleración de la crisis política y un nuevo despertar popular en los Estados Unidos.
La revolución latinoamericana es un factor histórico fundamental en la presente crisis mundial.
Las características de una situación pre-revolucionaria son claras: la rebelión popular de 2001 en Argentina y un nuevo ascenso de luchas que continúa en el momento actual; varias rebeliones y dos insurrecciones de masas en Bolivia, que han modificado las relaciones históricas entre las clases y una crisis de régimen y de Estado; el levantamiento popular y la formación de la Comuna de Oaxaca, en México, así como las movilizaciones contra el fraude electoral; los continuos levantamientos populares regionales en Perú, en especial en sus zonas mineras; la intervención histórica de las masas venezolanas contra el golpe militar de abril de 2002 y contra el lock out capitalista de diciembre de 2002-febrero de 2003. El último en el pelotón, pero cada vez más importante, Chile, conmovido por la rebelión adolescente en la educación, las crecientes huelgas mineras y las manifestaciones irrefutables de un agotamiento definitivo del régimen político de la Coalición democristiana-socialista y del gobierno de Bachelet.
Como América Latina fue, en la década del '90, el campo preferido de pruebas del capital financiero internacional piloteado por el FMI, la conclusión, de alcance internacional, que emerge de esto es que la crisis capitalista conduce a rebeliones, insurrecciones y situaciones revolucionarias. A casi dos décadas de la disolución de la URSS la fuerza motriz de la crisis política mundial es, más que nunca, la declinación histórica irreversible de la organización capitalista de la sociedad.
En tales condiciones, América Latina es el escenario de una experiencia política única en su historia de una combinación de gobiernos centroizquierdistas, en un caso constituido por la izquierda histórica, como el PT de Brasil y el Frente Amplio de Uruguay, y en otros casos por esa misma izquierda integrada al nacionalismo militar o indigenista, como ocurre en Bolivia, Venezuela y, parcialmente, en Ecuador, o en el caso de Argentina, amalgamando a una parte del peronismo con la izquierda tradicional. La inmensa mayoría de estas fuerzas en el gobierno son oriundas de una misma matriz política - la que ha albergado el llamado Foro de San Pablo por casi, aproximadamente, veinte años.
La conclusión general de esta experiencia es irrefutable: la izquierda democratizante en el gobierno ha capitulado alevosamente ante el imperialismo. Tanto el PT de Brasil como el Frente Amplio de Uruguay llegaron al gobierno mediante una alianza con la burguesía en el marco de un frente popular, la cual contó con el apoyo de toda la izquierda mundial - incluida especialmente la extrema izquierda que tiene una relación folklórica con el trotskismo. Otra conclusión aún más importante es que los frentes populares no constituyen siempre gobiernos ‘débiles' que los condenarían a ser la antesala de crisis revolucionarias. Por el contrario, en la mayoría de los casos, resultan ser un instrumento eficaz para frenar las luchas obreras, desmoralizar a los trabajadores y producir un reflujo popular, en especial debido a que no hay un partido independiente o revolucionario que combata al frente popular. Más allá de su función política interna, como ocurre con Brasil, el gobierno de Lula ha sido el instrumento internacional principal del capital para combatir las tendencias a la radicalización política en países como Venezuela o Bolivia. El 17 de octubre de 2003 una comisión mediadora formada por Kirchner y Lula intervino ante las direcciones sociales y políticas bolivianas para que acepten una sucesión constitucional al derrocamiento de Sánchez de Lozada; antes, a fines de 2002, Lula había piloteado la formación del ‘grupo de países amigos' de Venezuela para obligar a una mediación entre el gobierno y la oposición gorila golpista. El reflujo del proletariado brasileño, el más importante de América Latina, ha contenido la extensión geográfica y la radicalización política del despertar actual de las masas del continente.
En este contexto, las experiencias venezolana y boliviana se destacan como una nueva tentativa del nacionalismo latinoamericano de conquistar una autonomía nacional y convertirse en el representante exclusivo de las masas oprimidas. Lo ocurrido hasta ahora deja claro, sin embargo, que tanto la experiencia bolivariana como la indigenista se encuentran históricamente por debajo de la que representaron en su momento el peronismo argentino y el MNR boliviano, o el gobierno militar peruano de Velazco Alvarado a fines de los ‘60. Las recientes nacionalizaciones de las telecomunicaciones y de la electricidad en Venezuela han sido indemnizadas a los monopolios a los precios de mercado, lo cual incluye el capital instalado y las expectativas de ganancias futuras. Aunque aun no se conocen los términos de la propuesta de nueva asociación con los monopolios internacionales del petróleo para la explotación de la cuenca del Orinoco, ellas no divergen de los que se han negociado en Rusia o en Argelia. Se trata de un acuerdo estratégico para la explotación del mercado mundial en las condiciones creadas por una descomunal elevación de los precios y por lo tanto de la renta de los hidrocarburos. En el caso de Bolivia la asociación con los pulpos petroleros no ha sido finalizada, pero en este caso los monopolios se han quedado con el derecho a registrar como propias una gran parte de las reservas y aun tienen la posibilidad de condicionar los futuros contratos que se firmen. En Venezuela se encuentra en marcha un enorme proceso de elevación de los ingresos de la mayoría empobrecida de la población, pero esto no ocurre a costa del capital, ni de la modificación de las relaciones entre el capital y el trabajo, sino por el uso de los enormes recursos fiscales. Pero el recurso a los ingresos fiscales ha creado contradicciones insalvables al proceso bolivariano, que se manifiestan en una inflación a tasas crecientes, que podría desintegrar el mecanismo social, y en una fabulosa corrupción de la burocracia chavista, tanto civil como militar. En los lugares de trabajo, mientras tanto, sigue firme la dictadura del capital sobre la fuerza de trabajo.
Observados de conjunto, los procesos de Bolivia, Venezuela y Ecuador entroncan con las experiencias de frente popular de Brasil y Uruguay en un aspecto fundamental: también en aquellos países los gobiernos de corte nacionalista procuran poner fin a las tendencias revolucionarias de las masas y obtener una estabilidad política a costa de un reflujo de los trabajadores. Es lo que ha venido ocurriendo en los dos últimos años, en Venezuela desde el referendo ratificatorio de Chávez, y en Bolivia desde la inauguración de la Asamblea Constituyente.
Como ha ocurrido con todos los movimientos nacionalistas, desde que estos existen históricamente, se empeñan en representar con exclusividad a las masas, lo que significa controlar sus organizaciones. Es lo que ocurre en Venezuela con la tentativa oficial de estatizar a la UNT y con la formación de un partido único desde el Estado. Desde la CRCI declaramos que este es el problema fundamental que enfrenta la clase obrera explotada y nos pronunciamos por la total independencia de clase de la UNT y por su derecho a convocar a elecciones libres para designar a sus cuerpos dirigentes. En cuanto al partido único, declaramos que se trata de un tentativa regimentadora y que los socialistas deben organizar un partido propio. Sobre la base de un partido y una prensa propios puede ser válido ingresar al partido único para desarrollar en su seno un trabajo de diferenciación política socialista. La CMI (Comité por una Internacional Marxista, la tendencia de Alan Woods-The Militant) y de UIT (a la cual pertenece el MST de Argentina), en cambio, han decidido ingresar al partido único en calidad de sostenedores del proceso nacionalista y del gobierno, repitiendo las nefastas experiencias stalinistas desde el Kuomintang chino de la década del '20 del siglo pasado. La propaganda que realizan estas tendencia a favor de una ‘revolución permanente' bajo la dirección de Chávez y de las fuerzas armadas de Venezuela es un insulto a la inteligencia.
La CRCI sostiene, sobre la base de la perspectiva de nuevas crisis internacionales y financieras y de las contradicciones insalvables de los actuales procesos centroizquierdistas, sean nacionalistas o fondomonetariastas, la necesidad de prepararse para nuevas convulsiones políticas y una radicalización del proceso popular, construyendo partidos obreros revolucionarios y trabajando incansablemente por el desarrollo de las organizaciones obreras y campesinas y de su independencia política. Mientras el imperialismo conspira incesantemente para revertir la etapa pre-revolucionaria actual, la CRCI advierte, a la luz de toda la experiencia histórica de América Latina, que no hay que depositar ni un gramo de confianza en la capacidad de los gobiernos nacionalistas para proteger a los pueblos de las conspiraciones imperialistas. Solamente una firme desconfianza hacia ellos desatará las iniciativas y las energías antiimperialistas de las masas, y en primer lugar la necesidad de armarse para derrotar las permanentes conspiraciones del imperialismo.
Solamente una profundización de la revolución latinoamericana puede darle a Cuba la posibilidad de salir de su impasse social. Toda la experiencia de la revolución cubana es una suma de experimentos fracasados de su burocracia gobernante, desde las zafras extremas a la liquidación del azúcar; desde la subordinación económica mecánica a la burocracia rusa a la legalización del dólar. La diferenciación social crece en Cuba sin parar; una minoría (entre ella la burocracia) va camino de resolver sus problemas sociales mientras la mayoría tiene enormes privaciones. Esta diferenciación social es el punto de apoyo de las tentativas restauracionistas. No será el apoyo de los Lula y de los Kirchner lo que pueda servir de escudo protector contra el imperialismo o el restauracionismo, ni tampoco el ALBA, que no tiene ninguna concreción práctica con excepción de algunos convenios de provisión barata de petróleo. Los acuerdos de Venezuela con el MERCOSUR han servido para grandes negociados (la compra de la deuda argentina), pero han fracasado como planteo de autonomía nacional y hoy se encuentran en completa crisis. La defensa de Cuba contra el imperialismo y como tentativa revolucionaria socialista está ligada a la alianza de los obreros y campesinos de América Latina.
La convulsión en el mundo contemporáneo, desde Venezuela y América Latina a Palestina y el Medio Oriente, desde Francia y Europa a Asia Central, Rusia y China, marca claramente una transición desde el período previo, dominado por los efectos directos del colapso de la Unión Soviética y el stalisnismo, hacia un nuevo ascenso internacional de luchas nacionales y sociales en los últimos años del siglo XX y en los primeros años del siglo XXI, a una polarización de las fuerzas sociales que avanzan hacia grandes confrontaciones históricas en todo el mundo.
En el 90º aniversario de la Revolución Socialista de Octubre, el primer acto de la revolución socialista mundial, como enfatizaron Lenin, Trotsky y los bolcheviques, el mundo entra en una nueva etapa de la revolución socialista mundial. Para llevar este nuevo levantamiento a la victoria, para completar el trabajo de transformación revolucionaria iniciado con la ruptura del eslabón más débil del imperialismo mundial en Rusia en 1917, necesitamos ahora más que nunca una Internacional revolucionaria de los trabajadores: la IV Internacional refundada.
Secretariado Internacional de la
Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional
Estambul, 18/25 de junio de 2007